miércoles, 5 de noviembre de 2014

La fortuna de no creer en la suerte

La RAE define la fortuna como un encadenamiento de sucesos que ocurren de forma casual e inesperada. Lo casual es aquello que no podemos prever o evitar. Y ese es el problema, no poder prever o evitar algo nos pone nerviosos, nos da miedo, necesitamos controlarlo. Por eso surgió la suerte, la magia, los horóscopos o los conjuros de amor. Necesitamos gobernar lo que nos pasa y lo que nos rodea, y si no podemos hacerlo, necesitamos al menos anticiparlo o comprenderlo.


Los astrólogos no aciertan y los hechiceros no consiguen lo que queremos. Siempre habrá alguien que diga que a él o a ella esas cosas, solo algunas, las verdaderas, le funcionan. Que conoce un sistema o una persona que sabe leer el futuro, entender las estrellas o que posee un conocimiento que solo unos pocos poseen. El problema es que ninguna de esas personas ha podido demostrar todo eso y ninguna acepto luchar por el premio Sísifo que ofrecía un millón de euros a quien demuestre tener poderes paranormales ni por ninguno parecido.

Y el gran problema no es gastar dinero o tiempo en ese tipo de cosas, el gran problema es creer que podemos controlar la fortuna o la suerte. Y el problema es el tiempo que no dedicamos a cambiar aquello que podemos cambiar, de trabajar en el porcentaje de felicidad que depende de nosotros. Y el problema es no trabajar en responder a lo que no controlamos, como adaptarnos a lo que nos sucede.


Si quieres ser afortunado deja de creer que puedes controlar la suerte y cree que puedes controlar lo que haces, que puedes cambiar lo que piensas y regular cómo te sientes. De ti depende lo que le digas a un amigo, el cariño que le demuestras a las personas que quieras, lo que te esfuerces en tu trabajo, la atención que le dediques a las cosas que te importan, elegir entre todas las opciones que tienes o crear nuevas opciones o cómo responder a las dificultades de la vida.
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