jueves, 29 de mayo de 2014

La amistad y la soledad

Ayer leía gracias a la entretenidísima web Parece del Mundo Today (no confundir con la genial y no menos entretenida El Mundo Today) una noticia de esas que parecen falsas pero que no lo son: En un restaurante de Japón puedes comer acompañado de un peluche si estás solo. Parece ser que en  el restaurante japonés Moomin Café si pides una mesa para una persona, al momento de sentarte el camarero te informa que alguien se quiere sentar contigo. Al aceptar la oferta, te colocan en la silla de enfrente un enorme peluche con alguno de los personajes de la caricatura Moomin, una familia de criaturas que recuerdan a los hipopótamos que enseñan a los niños temas como el amor, la educación, la cortesía y el respeto a los semejantes.


Y leyendo la noticia unos cuantos pensamientos vinieron a mi cabeza. Por supuesto el primero fue algo así como “estos japoneses están locos”, pero en ese pensamiento tampoco merece mucha reflexión. Pero quizás por lo simpático de las fotos o no sé por qué me vinieron a mi cabeza dos ideas algo más serias. Por una parte la importancia de no estar solos, de tener amigos, de tener alguien con quién poder compartir un café y por otra la incapacidad que tienen algunas personas para estar solas.

Aristóteles dice que “la amistad es la cosa más necesaria en la vida, ya que nadie, aunque tuviese todos los bienes restantes, elegiría vivir sin amigos. Incluso los ricos y las personas poseedoras de mando y dignidad parecen tener necesidad de amigos”. Las personas cercanas que comparten un vínculo de amor y amistad se ofrecen mutuamente emociones, pensamientos y vivencias que refuerzan la amistad y proporcionan bienestar y felicidad. Una de las funciones más importantes del vínculo social es aportar apoyo social en momentos de estrés o aflicción pero no es lo único que nos ofrece. La amistad ofrece algo igualmente importante (o más), la amistad es compartir la alegría, la fraternidad potencia el bienestar, nos ayuda a ser más conscientes de nuestra felicidad y es que vivir junto a los amigos y las amigas las cosas buenas de la vida multiplica todas esas cosas buenas.

Por el contrario, la soledad es fuente de sufrimiento y de malestar. Cuando hablo de soledad me refiero a la soledad no buscada, a ese deseo no conseguido de mantener relaciones interpersonales estrechas según definían Peplau y Perlman. La soledad nos afecta  en mayor o menor medida a todos los seres humanos en algún momento de nuestra vida pero hay personas que la siente más fuerte y de forma más constante. Esa soledad produce depresión, ansiedad, insatisfacción e infelicidad.


¿Y dónde queda la noticia de los muñecos Moomin? Posible y sencillamente en una simpática manera de llamar la atención. Pero quizás en el miedo que podemos tener a esa soledad no buscada, a que los demás puedan pensar que estamos solos. Pero cuidado, ese miedo no nos puede llevar a huir de la soledad “buscada”. Tener tiempo para estar solo o sola es necesario, es bueno. Poder y saber disfrutar de un paseo, de un café, de un descanso, de una comida o de una película sin otra compañía que la tuya es una de las cosas que más nos pueden beneficiar para conocernos y disfrutar de nosotros y además nos ayudará a valorar lo importante que es la amistad y los momentos que vivimos con nuestros seres queridos.
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