martes, 13 de mayo de 2014

Esposos, esposas, cónyuges y parejas...

El otro día, una amiga, me presentó a su esposo, y eso me dijo: “este es mi esposo”. Hace tiempo que nadie me presentaba a su pareja así. La verdad es que se veía una pareja feliz, pero me sorprendió la palabra elegida. Y me hizo reflexionar, y buscar más información.

En mi búsqueda encontré el origen etimológico de la palabra en cuestión, a través del libro “La fascinante historia de las palabras”. Cuando un comerciante de la antigua Grecia hacía un acuerdo con algún proveedor, sellaba el contrato derramando unas gotas de vino en el altar de alguno de sus dioses. La palabra griega para ese gesto era spendo ‘derramar una bebida’, que  fue adquiriendo poco a poco el sentido adicional de ‘hacer un acuerdo’ o ‘firmar un contrato’. A partir de spendo, se formó en latín el vocablo sponsus, usado para nombrar a la persona que asume algún compromiso, de ahí la palabra “sponsor”. Y si un hombre que se compromete a casarse con alguien es un sponsus, la mujer que hace lo mismo es una sponsa, palabra que llegó a nuestra lengua como esposa.

Al parecer, el nombre de esposa que se da a las manillas con que se aprisionan las muñecas de alguien es una metáfora posterior que data de la Edad Media, por la cual se vinculan las ideas de matrimonio y de falta de libertad. Por lo tanto “esposo y esposa”, en su origen, no tiene que ver con la falta de libertad, sino con el compromiso, uno de los componentes del amor.

Y luego están los cónyuges, palabra viejuna o que sólo aparece en determinados gestos y normativas legales. La palabra cónyuge lleva dentro el sustantivo yugo. Los cónyuges son quienes están unidos a un mismo yugo. Y eso ya no me convence tanto, de yugo, nada de nada.

Y luego vienen, pareja, amigo, amigo especial, marido, ese, Pepe, Isabel… porque cada uno presenta a su… como quiere. 
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