martes, 25 de febrero de 2014

No creerse menos de lo que uno es

Los psicólogos hablamos mucho de autoestima, de lo importante que es quererse a sí mismo, valorarse de forma adecuada, pensar de forma positiva sobre nosotros. Y lo hacemos porque sabemos que los problemas de autoestima están detrás de muchos de los problemas que llevan a las personas a la infelicidad, la ansiedad, el miedo o la depresión. Sin embargo parece que públicamente está mejor visto la persona que es excesivamente modesta que el engreimiento o la vanidad.

Hace ya muchos años escuche por la radio, en el delicioso programa “No es un díacualquiera” de RNE, un cuento precioso. Juan Carlos Ortega, su autor, tuvo el detalle de mandármelo por e-mail, y tal y como lo escribió para la radio lo público aquí, ya que personalmente creo que nos enseña de forma muy clara uno de los peores errores que nos aleja de la felicidad y que podemos cometer:

El Quijote

Había una vez, en un país muy lejano, un señor que, de tanto leer a Cervantes, se volvió completamente loco. Después de leer 500 veces el Quijote, alterose su juicio e imaginó que el era el caballero de la triste figura. Tomo su caballo, un precioso pura sangre y el pensó que era el flaco rocinante. En su mente alterada, creyó que otro de sus maravillosos caballos era un burro y se lo regaló a un amigo muy guapo, al que imaginó pequeño y regordete como Sancho Panza. La novia de nuestro protagonista, una mujer preciosa, tornose en su imaginación fea como Dulcinea del Toboso. En su mente todo había cambiado. Daba mucha lástima…

En el país de nuestro protagonista había muchos gigantes, gigantes por todas partes y el, imaginábase que los gigantes eran molinos de viento. Todos le decían que no, que en realidad eran gigantes, pero él insistía en su error y figurábase que eran molinos accionados por el viento. En su andar por el mundo se encontró con personas ilustradas, pero él imaginaba que eran palurdos sin estudios. A más de un caballero confundió con un rufián, y a más de una dama confundió con una prostituta. Todo, en su mente, era como en libro de Cervantes.

Muchas aventuras vivió. Grandes hazañas donde él era un héroe y todos le aplaudían, pero en su mente enferma pensaba que siempre hacía el ridículo. Pero en realidad salvó a mujeres, se batió en duelo, demostró su sagaz inteligencia pero el, en su ignorancia, pensaba que no hacía más que tonterías. Y así vivió toda una vida sumida en el error, hasta que murió. 

¿Y ahora quieres la moraleja? Pues ahí va. Esto os enseñará, queridos amigos, que no solo es locura pensar que uno es mejor de lo que es, que también es locura imaginar que uno está por debajo de sus cualidades.

Imagen de TheGiantVermin (CC BY-NC-ND 2.0) de Flickr

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