martes, 21 de enero de 2014

Amor pasajero o amor con compromiso. A vueltas con el amor líquido.

Foto: algunos derechos reservados por Phillie Casablanca en Flickr

El pasado martes publicaba un artículo sobre el amor sin compromiso y pasajero y lo hacía hablando sobre la teoría del amor líquido de Zygmunt Bauman. Lo cierto es que ha sido un artículo que ha interesado mucho y me ha suscitado alguna que otra conversación online con algunos seguidores del blog. Y por eso hoy vuelvo a escribir sobre el tema, pero hoy lo hago comentando un interesantísimo artículo de Pere Estupinya en su blog Apuntes científicos desde el MIT.

En el artículo “Porqué lo llaman sexo cuando quieren decir amor” Estupinya nos habla del “hook-up culture” (sexo casual sin compromiso) a través de una entrevista a Justin García del Kinsey Institute y de numerosos estudios relacionados con el tema en cuestión. De todos los datos me voy a quedar un par de ellos. En un estudio la mayoría de las mujeres y casi la mitad de los hombres confesaban que en su último rollo esporádico de una noche en realidad estaban esperando que ese encuentro pudiera llevar a una relación más estable. Y en otro estudio con estudiantes universitarios el 63% de chicos y 83% de chicas declararon que en ese momento preferían una relación romántica tradicional a una sexual sin compromiso.

Vivimos en un mundo hiperinformado, bombardeados desde pequeños con ideas, valores e historias contradictorias. Pasamos de cuentos que nos hablan de princesas y príncipes y amores románticos a series de adolescentes marcadas por el sexo sin compromiso. Las comedias románticas con amores que siempre triunfan y las comedias locas de sexo, alcohol y desenfreno comparten la cartelera de nuestros cines y ya no sabemos qué película nos apetece hoy. No se trata de decidir que es mejor, si el sexo sin compromiso, las relaciones pasajeras o las relaciones de pareja estables y comprometidas. Somos personas diferentes y atravesamos  diferentes etapas en nuestra vida y nuestras preferencias, lo que queremos puede ser distinto en un momento o en otro.


¿Queremos relaciones estables y felices pero sólo tenemos relaciones superficiales e insatisfactorias? ¿Queremos relaciones superficiales y esporádicas pero sólo tenemos relaciones estables e infelices? Lo importante es saber lo que uno quiere, lo que nos gusta, lo que deseamos y lo que más nos interesa. Muchas veces no es lo mismo lo que nos puede apetecer que lo que realmente queremos o lo que nos puede hacer más felices. Las distorsiones cognitivas (cuando nuestras ideas, creencias y emociones entran en contradicción) suelen ser fuentes de sufrimiento cuando no sabemos regularlas y manejarlas. Querer y pensar una cosa y hacer lo contrario no suele ser un buen camino hacia la felicidad. 
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