martes, 3 de diciembre de 2013

Pasos para ser feliz: practicar el perdón.

Mari Carmen Hernández ha perdonado a los asesinos de su marido. Jesús María Pedrosa fue ejecutado con un tiro en la nuca en el año 2000 por un miembro de ETA y su mujer decidió perdonar sin que le pidieran perdón. Además ella ha sido capaz de participar en un programa de encuentros entre víctimas y terroristas, y hablar con un asesino militante de ETA que mató a tres personas, escuchar su historia y contarle la suya. Una de las cosas más importantes que dice es que lo ha hecho para liberarse, para sentirme mejor.

Perdonar nos hace más felices, no es cuestión de ser o no ser buena persona. Perdonar nos aleja de la ira y el rencor, pero no solo eso. Los estudios nos dicen que las personas que perdonan son más felices, sanas, agradables y serenas. Así que no se trata de perdonar por los demás, por las personas a las que perdonamos, se trata de perdonar para sentirnos mejor.

Sonja Lyubomirsky explica que es importante no confundir el perdonar con otras cosas:

  • El perdón no es reconciliación (volver a tener las mismas relaciones con la persona que vamos a perdonar)
  • El perdón no es lo mismo que un indulto (que es un proceso judicial)
  • El perdón no es condonar, negar o minimizar el daño
  • Y el perdón no es olvidar, el recuerdo del daño no tiene que desaparecer sino que se tiene que ver con cierta distancia.
Para perdonar necesitamos comprender la ofensa, el daño que nos haya hecho. Actuar de forma generosa con el otro porque sabemos y apreciamos la importancia del perdón. Para eso tendremos que empatizar con el otro, identificar y comprender los pensamientos, experiencias o emociones que tiene la persona a la que queremos perdonar. No se trata de compartir sus ideas o sus posiciones, se tratar de comprender y aceptar la posición del otro. Todos hemos hecho daño a otras personas, todos nos hemos equivocado en nuestra vida y muchas veces hemos creído que llevábamos razón. En otras ocasiones hemos fallado a otra persona sin darnos cuenta, simplemente no hemos hecho las cosas bien. Si podemos comprendernos en nuestros errores también podemos comprender a los demás en los suyos. Quizás, como dice Jacinto Benavente, a perdonar sólo se aprende en la vida cuando a nuestra vez hemos necesitado que nos perdonen mucho.

Vivir en el odio nos mete en una cárcel donde únicamente damos vueltas al daño y a la persona que nos lo ha hecho. ¿Merece la pena convertirnos en personas hurañas marcadas por un pasado que nos hace sufrir?


Hoy te invito a perdonar por un solo motivo: por ti. Cuando experimentas el perdón no solo te liberas del rencor sino que dejas más espacio en ti para las emociones positivas y además refuerzas tu autoestima, te sientes doblemente bien, por lo que dejas y por lo que consigues. 


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