jueves, 7 de noviembre de 2013

Inteligencia Vs Emociones (Inteligencia Emocional II)

La Inteligecia Emocional se convirtió en una moda con la publicación del bestseller  de Daniel Goleman en 1995. ¡El éxito no dependía solamente de la inteligencia! Goleman describía en su libro como personas inteligentes no triunfaban y cómo otras personas con una inteligencia menor conseguían el éxito en su vida personal y profesional. 

Y a partir de ahí el “boom”, lo importante no era la inteligencia clásica, era la inteligencia emocional, y miles de libros fueron invadiendo las librerías hablando de lo importante que era. Los psicólogos, psiquiatras y otros gurús del éxito y la felicidad comenzaron a enseñarnos a mejorar esa inteligencia tan especial, conseguir un 10 en nuestra vida a través de ideas o historias que nos enseñaban a tener más y mejores relaciones, triunfar en el trabajo o educar a nuestros hijos de una manera óptima.

Como veíamos la semana pasada los psicólogos que más y mejor han estudiado la inteligencia emocional han sido los psicólogos americanos Peter Salovey y John D. Mayer. Juntos escribieron en 1990 un artículo científico llamado “Emotional Intelligence”. Lo cierto es que estos autores han estudiado, y siguen estudiando, de forma más adecuada que Goleman la inteligencia emocional. Y es que unos consiguen la fama y otros cardan la lana.

Este primer artículo empezaba con una pregunta: “¿Son los términos inteligencia emocional términos contradictorios?”. Y es que su primera gran aportación fue comenzar  a dar a las emociones un papel positivo en nuestras vidas y acabar con la imagen de las emociones como origen de casi todos nuestros problemas. Hasta entonces parecía que si queríamos tomar buenas decisiones teníamos que ser racionales, no podíamos dejarnos llevar por nuestras emociones.

Nuestras emociones son una maravillosa y compleja respuesta de nuestro cuerpo y nuestra mente. Ellas nos ayudan a comprender y vivir de forma más adecuada lo que  nos sucede. Al igual que el dolor nos indica un problema en nuestro cuerpo, y nos puede guiar a dejar de correr o a ir al médico, nuestras emociones nos pueden ayudar a comprender lo que nos pasa y guiarnos hacia nuestra felicidad.

La tristeza nos puede ayudar a procesar mejor una perdida y darle la importancia que tiene en nuestras vidas; el miedo nos puede indicar un peligro y cambiar nuestro camino para evitarlo; y la alegría nos puede llevar a valorar la importancia de un instante en nuestras vidas, una amistad o nuestra relación de pareja.

Y es que la inteligencia y las emociones no son palabras opuestas, que se contradicen, al igual que no lo son la razón y las emociones. Nuestros pensamientos y nuestras emociones nos acompañan y nos guían, incluso aunque nos dicten caminos contradictorios... pero ese ya es otro tema.

Aunque claro, siempre hay gente que continúa con esa idea de la maldad de las emociones:


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